Academia

La narrativa corta de Norma García Mainieri y las estrategias de construcción de personajes colectivos populares. Cuentos de muerte y resurrección.

Ponencia presentada en el XI Congreso Internacional de Filosofía de la URL, 13 de octubre del 2018

Norma García Mainieri (Guatemala, 1940 – 1998), se graduó como Licenciada en Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos (USAC) en el año de 1968, además de realizar estudios de Maestría en Letras de la misma facultad. Así mismo, realizó estudios de especialización en Arqueología y se desempeñó como docente en la Escuela de Historia y en la Facultad de Humanidades de la USAC, entre otras actividades y cargos académicos.[1]

Además de numerosas publicaciones, algunas de éstas inéditas, en el campo de las Ciencias Sociales, Norma García destacó sobre todo en el campo literario, firmando su obra bajo el pseudónimo de Isabel Garma, el cual utilizó pues “se vio obligada”, según Ofelia De León,  ya que escribió su obra en la época de mayor represión.[2] Sin embargo, para efectos del presente ensayo nos referiremos a ella como Norma García Mainieri, como una forma de rescatar su nombre en la historia.

Narradora y poeta, Norma García publicó 3 libros de cuentos, uno de éstos de forma póstuma, 2 libros de poesía, investigaciones y ensayos, así como algunos cuentos y poemas sueltos, por ejemplo, en revistas nacionales y extranjeras.[3]

Ana Sylvia Monzón sitúa a García Mainieri entre “las pioneras del siglo XX”, junto a otras autoras como Lucrecia Méndez de la Vega, Alaíde Foppa o Ana María Rodas.[4]

Sus amistades y colegas la recuerdan como una auténtica feminista, además de ser poseedora de una fuerte consciencia social, la cual imprimió en la mayoría de su obra tanto narrativa como poética, misma que a criterio de la Dra. Stacey Schlau, de la Universidad de West Chester en Estados Unidos, se encuentra en las fronteras “entre la ficción y la historia”, calificando en especial sus cuentos como cuentimonios,[5] haciendo una alusión al género de narrativa no ficcional o testimonio, o como Humberto López Cruz dice de ella,

la autora mezcla deliberadamente la ficción con la historia para intentar describir la realidad en la Guatemala contemporánea (…) evoca el recuerdo de los que precisamente el gobierno trata de silenciar (…) [es] la referencia de una colectividad oprimida hace que el texto subvierta el discurso denunciatorio y transgreda el código del silencio impuesto a la sociedad por cualquier régimen dictatorial. La realidad ficcionalizada expuesta por Garma no es una excepción.[6]

Situándose constantemente del lado de los desposeídos, y contradiciendo a la historia oficial en palabras de Ofelia De León, es que García Mainieri describió en sus cuentos la vida real de aquella Guatemala de los años 80, sobre todo en Cuentos de Muerte y Resurección (1987).[7]

García Mainieri utiliza como personajes en sus cuentos a sujetos colectivos o populares, a quienes imprime “la posibilidad de sobrevivir y la belleza del espíritu guatemalteco”.[8]

Nos gustaría entonces revisar ¿de qué estrategias discursivas se valió García Mainieri para representar a este sujeto colectivo en su primer libro de cuentos? Y ¿cómo estas estrategias la acercan a hibridaciones entre la narrativa ficcional y la narrativa no ficcional, es decir, el género testimonial?

Antecedentes

La figura de Norma García Mainieri nos interesa en especial por la temporalidad en que escribe su obra, la cual está marcada por los acontecimientos actuales de aquel momento, ya que, aunque se trata de acontecimientos “no oficiales”, García Mainieri retrata la realidad de manera tan frontal que no puede uno menos que admirar su valentía. Es más, se trata de una posición transgresora el hecho de registrar, a través de la estrategia de encubrimiento por la ficción, los sucesos que se silenciaban oficialmente, siendo quizás esta su principal estrategia discursiva de las que se valió García Mainieri para desafiar, no solamente al canon masculino y patriarcal[9] sino a todo el aparato opresor del momento.

Además de que, al escribir sus cuentos, o cuentimonios, durante los años 80, García Mainieri se adelanta algunos años a esa “transformación que sufre el panorama de las letras” en palabras de Alexandra Ortiz – Wallner[10], hacia el fin de la guerra y de la firma de los Acuerdos de Paz a mediados de los años 90.

Del género al testimonio. Un enfoque teórico.

Partiendo de que tanto el testimonio como el género (gender) son géneros que persiguen, entre otras cosas, la reivindicación y la posibilidad de expresión de la voz de la otredad, nos parece adecuado revisar para efectos de este ensayo, la figura del sujeto colectivo construido por García Mainieri en sus cuentos bajo la luz que arrojan dichas teorías.

Jorgelina Corbatta[11], en su ensayo Para un balance de fin de siglo de la producción femenia / feminista en (sobre) Latinoamérica, citando a Mary Louise Pratt, habla sobre la importancia de que el debate sobre el género, llevado a cabo por hombres y mujeres, tenga un lugar central en la historia intelectual de Latinoamérica, así como el debate de la identidad. Y añade que “debería ser reconocido como central en el proceso de auto – creación y de auto – comprensión de la sociedad. Dicho paralelismo, como Corbatta lo califica, entre género e identidad se debe destacar como un hito necesario de analizar.[12] Paralelismo que nos es posible descubrir en la narrativa corta de García Mainieri, por ejemplo, en el cuento Y cuando las pascuas fueron sangre, en que la protagonista es una maestra en busca de iniciar su carrera en un pueblo al que llega como extraña y en el que al cabo de un tiempo se gana la confianza de los lugareños y le comparten la tragedia de aquel lugar dado que ella inquiere desde el inicio acerca de un suceso que le parece misterioso. García Mainieri utiliza a la tradicional y emblemática flor de pascua como el símbolo de resistencia de un pueblo que se une en silencio, pero firme, que remite a la sangre de los muertos. ¿Qué mejor forma para un pueblo que hacer notar su resistencia con uno de los símbolos de su identidad? Por cierto, esta imagen nos remite también al concepto propuesto y discutido por Judith Butler acerca de los actos performativos como acciones de resistencia.[13]

Por cierto, también encontramos una fuerte carga simbólica en Las mazorcas y los sueños, en el cual, la protagonista es la misma autora utilizando su seudónimo, Isabel. Al comentar ese cuento, la autora se refiere al simbolismo del mismo y por ende lo difícil de redactarlo. En el cuento, ella explica cada elemento de la pesadilla que atormentaba a la protagonista, señalando la red de mazorcas y al maíz como el alimento vital, y cómo el recogerlo era símbolo de su lucha.[14] Creemos que este cuento en sí mismo provee una interesante oportunidad de análisis más a detalle.

Otra figura interesante en el cuento antes mencionado es el personaje femenino que es quien se posiciona en el pueblo como una figura de conocimiento, inspirando de cierta forma la confianza y el respeto suficientes para recibir el testimonio de boca de los actores principales de la historia. Dado que ella sería parte de aquel lugar su necesidad de entender la historia provoca que aquellos lugareños le compartan su perspectiva de los hechos, es decir, su forma de auto – comprender lo que sucedió para poder continuar. Y podemos denotar cómo esa colectividad funcionaba aun cuando sostuvieran silencio ante los extraños a su entorno, ya que unánimemente habían protestado en silencio, con ese homenaje carmesí en la explanada camino al cementerio.

El hombre disminuyó la velocidad del paso. El camino bordeado de pinos terminaba ante una ancha explanada, en la cual se agitaban como una inmensa oleada roja millares de pascuas.

Aquí están las pascuas – musitó la muchacha sintiéndose sumergida en las ráfagas de viento que venían de las flores.

Sí, aquí están – respondió el hombre…[15]

 

Corbatta cita también a Josefina Ludmer, quien discutiendo sobre la escritura de mujeres y ciertas estrategias discursivas, menciona  Las tretas del débil, la que plantea como una resemantización utilizada por el sujeto subalterno y marginal para convertir ese lugar asignado en una zona de subversión intelectual[16] explicándolas como:  no decir que se sabe, decir que no se sabe decir y no decir por no saber, caso que se puede aplicar al silencio de los lugareños del cuento antes mencionado pero también en otros cuentos de la misma antología, como en Consagración y secuestro, en el que además del contraste entre ambos eventos descritos en el cuento (una celebración religiosa y la tortura de un grupo de capturados), hay personajes fuertemente castigados por su decisión de callar.

Pero el “no decir que se sabe” aplica también como una de las estrategias discursivas utilizadas por García Mainieri al redactar Una mujer anodina, al crear a una mujer militante en plena zona urbana, nuevamente el personaje central es una mujer, quien trabajaba en una oficina de publicidad, bajo el disfraz de anodina, de sencilla, hasta simple,

Nadie lo hubiera pensado de ella.

¡Se veía tan callada, tan tímida! – comentó Martita, su compañera de oficina en una importante agencia publicitaria.

Sin embargo, viéndolo bien, era algo misteriosa – Carlota se acercó a su amiga y habló en voz baja – ; no se le conocían amigos y quitando a los compañeros de trabajo con los que a veces platicaba, siempre andaba sola. [17]

La autora, al comentar dicho relato[18], el cual redactó a insistencia de una amiga basándose en un hecho real, indica que lo central del mismo es indicar cómo cualquier persona, por sencillo que parezca, es capaz de ser héroe o villano.

Por otro lado, para revisar los cuentos en cuestión desde el punto de vista del género testimonial, se hace necesario mencionar lo propuesto por John Beverley al situar al testimonio como un género literario post-novelesco, afirmando que “el testimonio guarda la misma relación con la novela moderna que la novela picaresca con los géneros de narrativa idealista del Renacimiento (…) el testimonio es una de las formas en que podemos ver y participar a la vez en la cultura de un proletariado mundial en su época de surgimiento”[19]

Hugo Achugar, otro de los teóricos del género testimonial, califica a las fronteras de dicho género como porosas, al discutir cómo el testimonio abre su propio espacio más allá de la biografía, autobiografía, discurso histórico, etc. Sin embargo, resalta que, aunque “sea posible la ficcionalización de un testimonio (…) no implica que se valide su identificación con el testimonio”[20]. Es decir, no necesariamente puede catalogarse toda ficcionalización de relatos o hechos reales como género testimonial, dado que hay una serie de factores que deben cumplirse para efectos de ser identificados dentro del género en cuestión ( para lo cual sugerimos leer y revisar la teoría testimonial por ejemplo, el libro de John Beverley y Hugo Achugar[21]), sin embargo, si podríamos hablar de una hibridación entre la narrativa ficcional y la no ficcional al referirnos a los cuentos de García Mainieri, en especial, “Cuentos de muerte y resurrección”.

En sus cuentos es posible identificar constantemente la construcción de lo que Doris Somer llama el yo colectivo[22], como uno de las estrategias discursivas del testimonio. En uno de sus cuentos más revisados, El pueblo de los seres taciturnos[23], el yo colectivo se identifica en la voz del chofer que ayuda al forastero, representando a una comunidad que había decidido olvidar lo sucedido en el pueblo cercano, Santa María de la Bendición. Quienes después de la muerte del forastero, el comandante Abel, recordaron de nuevo todo. Pero también en la voz del mismo comandante, quien era el único que había sobrevivido y que había olvidado mucho de lo que pasó como un mecanismo de defensa[24], recuperando su memoria completa solamente al momento de su muerte. Sin embargo, su visita y los pocos fragmentos de lo que recordaba provocó la recuperación de la memoria de aquel pueblo que había decidido olvidar. Aquí hay una figura interesante que analizar más a detalle.

Pero quizás, del libro que estamos revisando, el cuento que más elementos testimoniales presenta es La voz que no cesa de contar, con la figura central de una mujer anciana que cuenta a un grupo de jóvenes con la asignación de investigar en aquel pueblo, quienes después de escuchar las historias no podían dejar de pensar en ellas.

Quizás de todo el cuento, lo que más resalta es la siguiente frase,

Y entonces habló: – Porque debemos conocer nuestras historias y nos han negado el don de la escritura, escuchamos la voz que nunca ha cesado de contar.[25]

Sin embargo, hacia el final, los jóvenes (que sobreviven a la tragedia que vive el pueblo estando ellos allí por tener vínculos con el gobierno), quedan estremecidos con la prohibición de hablar. Y hay algo muy interesante: García Mainieri cierra el cuento con la siguiente frase,

El soñador quedó tan golpeado que no podrá hacerlo durante algún tiempo, pero… ¿cuánto tiempo?[26]

Y la estrofa en el margen, que acompaña esa frase final dice,

Voces, se escuchan

las voces

mi voz entre ellas

tendrá que contar.

Creemos que es un momento epifánico de García Mainieri en que se convence de que llegaría el momento de contar y transmitir aquella voz que solamente tenía como arma la oralidad.

 

Intertextualidad

Desde el punto del análisis intertextual[27], en que, según Lauro Zavala, “todo texto – todo acto cultural y por lo tanto todo acto humano – puede ser estudiado en términos de la red de significación a la que pertenece.”[28],  el espacio y el tiempo en que se desarrollan las historias narradas por García Mainieri son elementos que también permiten deconstruir sus cuentos y agregan al imaginario literario guatemalteco relatos que forman ya una red de significación en sí. No será lo mismo que un lector extranjero, ajeno al contexto histórico, lea los cuentos a que éstos sean leídos por un lector con una mirada distinta, conocedora de la carga histórica en los mismos. Zavala dice al respecto que “la intertextualidad es resultado de la mirada que lo construye”.[29]

García Mainieri, recurre constantemente a utilizar espacios rurales que podrían ser en cualquier pueblo del interior de Guatemala, aunque también algunas de las historias transcurren en espacios urbanos por lo general impregnados de un intenso contraste entre oprimidos – privilegiados, rebeldes – civiles, fracasados – exitosos. El tiempo en que ocurre lo narrado es por lo general en la época de mayor represión en el país.

 

Conclusiones

Sin duda este breve ensayo deja abiertas las puertas para nuevos análisis, más exhaustivos de cada uno de sus relatos, así como de sus otras publicaciones. Análisis que aportarían hallazgos interesantes de una de las autoras guatemaltecas que debemos traer a la luz nuevamente.

Sus estrategias discursivas giraban alrededor de su ser social consciente de la realidad injusta de su país, elementos que le permitieron construir personajes colectivos con una fuerte voz, voz que necesitaba ser escuchada – o leída, en este caso- y a quienes construye a partir de hechos reales, trasladando su narrativa del campo ficcional hacia esas fronteras con el género testimonial, una hibridación.

Corbatta citando a  Talpade Mohanty[30] en Third World Women and the Politics of Feminism (1991), menciona cómo el feminism tercermundista, más allá de una postura esencialista es una postura política, una comunidad de resistencia. Sin duda, Norma García Mainieri asume su postura feminista escribiendo sus relatos y dejándolos para la posteridad y para nuevos públicos que se adentren en la historia que se ha luchado por rescatar de lo anónimo, de lo “no oficial”.

Creemos firmemente en la importancia de reeditar sus libros de narrativa y de poesía, no solamente como un homenaje a su memoria sino a su valor histórico y reivindicativo no solamente a García Mainieri como una escritora guatemalteca que debe ser releída, sino a los seres anónimos que inspiraron sus relatos, a quienes ella misma dedica el libro que hemos comentado.

Juan Pablo Escobar Galo dice que el autor es

aquel que elabora el discurso de una obra con el deseo de transmitir una idea, postular una teoría a favor de o en contra de una historia o frente a un acontecimiento histórico (…) es el creador de la obra discursiva o el resultado de ella en vías de generar una proyección hacia los demás sujetos.[31]

Más adelante, Escobar comenta cómo el autor está dentro de un contexto[32], es decir, una realidad, que delimitará e influirá sus formas discursivas, todo lo cual incidirá en su función – autor.

García Mainieri dijo una vez “tengo una meta muy importante: quisiera ser leída por las clases populares de mi país, las que desafortunadamente, son en su mayoría analfabetas”[33]. A 30 años de la publicación (no oficial) de su primer libro de cuentos, deseamos dejar la inquietud por releer sus relatos, por escudriñar a los personajes de los que se sirvió para transmitir, aunque encubierta en ficción, una realidad que resuena hoy más que nunca en nuestra historia.

 

 

Bibliografía

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Galo, Juan Pablo Escobar. «El autor y sus formas discursivas: perspectiva desde Michel Foucault. .» Revista Cultura de Guatemala (2017): 125 – 138.

Garma), Norma Garcia Mainieri (Isabel. Cuentos de muerte y resurección. Guatemala: Oscar de León Palacios, 1996.

Meléndez, Ofelia Columba De León. «Norma García Mainieri ¡presente! (Homenaje a una colega y amiga).» Estudios – Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas (1998): 192 – 196.

Monzón, Ana Sylvia. «Las mujeres, los feminismos y los movimientos sociales en Guatemala: relaciones, articulaciones y desencuentros.» Cuaderno de debate FLACSO (2015): 1 – 36.

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Wallner, Alexandra Ortíz. «Narrativas centroamericanas: problemas de la constitución de una categoría de periodización literaria.» Iberoamérica. América Latina – España – Portugal. 19 (2005): 135 – 147.

Zavala, Lauro. Cómo estudiar el cuento con una guía para analizar minificción y cine. Guatemala: Palo de hormigo, 2002.

 

[1] Ofelia De León Meléndez. Norma García Mainieri ¡presente! (Homenaje a una amiga y colega). Guatemala: Estudios, 1998, p.193 – 196. Todas las citas de Ofelia De León son de este artículo.

[2] De León Meléndez, 196.

[3] Para efectos de este ensayo, nos enfocaremos  en el libro “Cuentos de muerte y resurrección” (1987).

[4] Ana Sylvia Monzon. Las mujeres, los feminismos y los movimientos sociales en Guatemala: relaciones, articulaciones y desencuentros. Cuaderno de debate. Guatemala: FLACSO, 2015, 29.

[5] De León Meléndez, 196.

[6] Humberto López Cruz. “El pueblo de los seres taciturnos” de Isabel Garma: la colectividad del uno y la manifestación conjunta contra el poder. Ilustres autores guatemaltecos del siglo XIX y XX. Guatemala: Artemis Edinter, 2004, 201. Las negrillas son nuestras.

[7] La edición de 1987, publicada en México, no fue autorizada por la autora, lo cual aclara en la edición de 1996 por la Editorial Oscar De León Palacios.

[8] De León Meléndez, 196.

[9] Monzón, p.29.

[10] Alexandra Ortíz – Wallner. Narrativas centroamericanas: problemas de la constitución de una categoría de periodización literaria. Iberoamérica. America Latina – España – Portugal. 2005, 141.

[11] Jorgelina Corbatta es una especialista en literatura argentina y latinoamericana que ha publicado, entre otras obras, libros sobre feminismo y escritura femenina en América Latina.

[12] Jorgelina Corbatta, Para un balance de fin de siglo de la producción femenina / feminista en (sobre) Latinoamerica. La literatura iberoamericana en el 2000. Balances, perspectivas y prospectivas. EEUU: Wayne University, 2003, 1. Todas las citas de Corbatta son de este ensayo.

[13] Ver Judith Butler en el ensayo “Performatividad, precariedad y políticas sexuales”, en AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, septiembre – diciembre 2009, p. 321 – 336.

[14] Norma García Mainieri. Las mazorcas y los sueños, trilogía. Cuentos de muerte y resurrección. Guatemala: Editorial Oscar de León Palacios, 1996, 85 – 86.

[15] Extracto del cuento Y cuando las pascuas fueron sangre, del libro “Cuentos de muerte y resurrección” (1987), p. 49 – 61.

[16] Corbatta, 4.

[17] Extracto del cuento Una mujer anodina, del libro “Cuentos de muerte y resurrección” (1987). El resaltado es nuestro.

[18] En el libro “Cuentos de muerte y resurrección”, edición de Oscar de León Palacios (1996), la autora comenta brevemente cada uno de los cuentos hacia el final del libro.

[19] John Beverley. Anatomía del testimonio. Revista crítica literaria latinoamericana. Lima: 1987, 16.

[20] Hugo Achugar. Historias paralelas / historias ejemplares: La historia y la voz del otro. La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Guatemala: Revista Abrapalabra, 2002, 63.

[21] El libro al que nos referimos es “La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa”, publicado en 2002.

[22] Doris Sommer. Sin secretos. La voz del otro: testimonio, subalternidad y verdad narrativa. Guatemala: Revista Abrapalabra, 2002, 158.

[23] Norma García Mainieri. El pueblo de los seres taciturnos. Cuentos de muerte y resurrección. Guatemala: Editorial Oscar de León Palacios, 1996, 13 – 26.

[24] García Mainieri, 24.

[25] Norma García Mainieri. La voz que no cesa de contar. Cuentos de muerte y resurrección. Guatemala: Editorial Oscar de León Palacios, 1996, 96.

[26] García Mainieri, 104.

[27] Según Lauro Zavala (2012), “La intertextualidad es la característica principal de la cultura contemporánea (…) el concepto de intertextualidad presupone que todo texto está relacionado con otros textos, como producto de una red de significación. A esta red llamamos intertexto”. (p..9-10)

[28] Lauro Zavala. Cómo estudiar el cuento con una guía para analizar minificción y cine. Guatemala: Palo de Hormigo, 2002, 9.

[29] Zavala, 10.

[30]  Corbatta, 8.

[31] Juan Pablo Escobar Galo. El autor y sus formas discursivas: perspectiva desde Michel Foucault. Revista Cultura de Guatemala. Guatemala: Editorial Cara Parens, 2017, 128..

[32] Escobar Galo, 131.

[33] Ramón Luis Acevedo. 17 Narradoras latinoamericanas. Guatemala: Piedra Santa, 2013, 88.